Generales 30/09/2023

Opinión: Un clima de incertidumbre económica y política inédito

Por Sergio Berensztein – LN

Opinión: Un clima de incertidumbre económica y política inédito

Puede pasar lo que sea: que la elección presidencial se resuelva el 22 de octubre, o que tengamos un ballottage en el que cualquiera de los protagonistas del triple empate de las PASO resulte victorioso. En una Argentina frecuentemente binaria, la tan endeble economía tal vez aguante hasta ese momento o sucumba ante la volatilidad cambiaria y el nuevo régimen de alta inflación de dos dígitos. ¿Qué ocurrirá en la transición entre las generales y el inicio de la nueva administración? Si Massa no ganase esta elección… ¿Con qué atributos de autoridad enfrentaría las múltiples tensiones que se están acumulando? En síntesis: enfrentamos inéditos niveles de incertidumbre y no solo de manera perentoria, sino también en el mediano y largo plazo.

El doble interrogante que se abre abarca tanto la política como la economía. Es casi imposible elaborar escenarios contingentes con mínimos niveles de certeza y mucho menos predecir qué ocurrirá en ambos ámbitos en las próximas tres semanas ni en la ventana entre las elecciones de octubre y el 10 de diciembre. Las dudas se ciernen tanto sobre el liderazgo emergente como sobre la gravísima situación económica, en especial fiscal, que deja esta gestión. La Argentina no podrá acceder a financiamiento voluntario ni externo ni doméstico por mucho tiempo. El próximo mandatario estará, por lo tanto, forzado a reducir el tamaño del Estado en aproximadamente 4 o 5 puntos del PBI. Esta consolidación fiscal implicará un esfuerzo gigantesco, que no tiene precedentes en el país. Habría que remontarse a la injustamente olvidada presidencia del tucumano Nicolás Avellaneda (1874-1880) para encontrar algunas claves respecto del destino que le espera al próximo mandatario: poner su nombre a una empobrecida localidad de algún conurbano, o a una avenida, como la que hace 50 años fue escenario del asesinato de Rucci.

Estas últimas semanas visitaron la Argentina varios grupos de inversores que tienen curiosidad por el futuro del país, al tiempo que conservan un extraordinario nivel de escepticismo. Existe cierto apetito internacional por invertir en energía y minería. También es verdad que un nuevo gobierno con claras credenciales promercado podría romper ese duro magma de desconfianza para seducir a potenciales interesados en áreas estratégicas, como las mencionadas o la economía del conocimiento. Aun advirtiendo que en lo inmediato deberemos transitar una suerte de campo minado, los inversores combinan cautela y curiosidad por este absoluto fracaso como sociedad que yace en el Cono Sur.

“Hay un motivo aún más importante”, agrega un veterano directivo de un hedge fund. “Con Colombia a la deriva con el liderazgo de Gustavo Petro y este Lula III que genera cada día más inquietudes, la Argentina tiene una oportunidad única de convertirse en un aliado estratégico de los Estados Unidos en esta región”. Luego de desperdiciar casi un cuarto de siglo… ¿podría tardía y finalmente el país elaborar una estrategia realista y sensata para incorporarse en serio a la complicada globalización? Entre la guerra en Ucrania (que sigue siendo presentada como un shock negativo por el relato oficialista, cuando su impacto en el precio de las commodities ha sido favorable para el país y para la región) y las restantes tensiones geopolíticas que complican el panorama en Asia, Medio Oriente y África, América Latina en general y el Cono Sur en particular presentan condiciones singulares a pesar de sus característicos problemas de gobernabilidad, inseguridad ciudadana, infraestructura y capital humano. Al menos algunos deberían mejorar con una buena política pública y mejor calidad institucional. Es el déficit más complejo que tuvimos y tenemos. Otro rasgo inusual de esta elección produce interés en la comunidad de inversores: cuatro de los cinco candidatos se sienten cerca, se ven como aliados o tienen como modelo de sociedad a los Estados Unidos. Representan en total al 97% del electorado.

La inédita incertidumbre política y económica no ayuda a alimentar el interés de la comunidad de inversores. Como ocurre con la mayoría de los sondeos que circulan, le otorgan muy baja chance a que haya un ganador en primera vuelta. Predominan las preguntas sobre Javier Milei por sobre los otros candidatos. Entienden que Bullrich podría, como ocurrió con Macri en 2015 y en 2019, tener mucho más apoyo en la elección general que en las PASO. Y con Massa existe un exótico consenso: si logra ganar siendo el candidato de un gobierno tan desacreditado y el actual responsable de que la inflación navegue cómoda en los tres dígitos y no muestre síntomas de desaceleración, deberán revisarse los principales textos de economía, ciencia política y marketing electoral.

La gobernabilidad también constituye un tema de gran preocupación: en un sistema que ya no será bipartidario (ni bicoalicional), en el que ningún espacio tendrá mayorías significativas, todos se verán obligados a negociar. Curiosamente, el único que planteó hasta el momento la idea de un gobierno de unidad nacional fue Massa. Milei supone que las coaliciones que lo enfrentan se habrán de fragmentar y que con pragmatismo podría lograr respaldo en el Parlamento para su agenda de reformas. Bullrich da por sentado que La Libertad Avanza tendrá vocación de colaborar con la suya.

Pero Milei viene despotricando en los últimos días contra todo JxC, incluyéndolo al propio Mauricio Macri. ¿Se le pasará el enojo si resultase derrotado? ¿Querrá arriesgar su capital político o preferirá capitalizar el desgaste que inevitablemente sufrirá el próximo gobierno? “¿Ganaste? ¡Jodete!”, inmortalizó Juan Carlos de Pablo.

Otro supuesto es que el pragmático peronismo provincial podría también acompañar al menos algunas reformas. Deseoso de reinventarse luego de sufrir la colonización K, necesitarán negociar con inteligencia en un contexto de alta restricción presupuestaria. Eso dan por seguro cerca de Milei, y hasta sugieren que ya hubo auspiciosos contactos iniciales. Recordemos que si fuese electo, contaría solamente con un 15% de diputados y un 10% de senadores propios. Sin un esfuerzo consistente y exitoso de ampliar su coalición, se enfrentaría a una parálisis asfixiante.

También hay interrogantes respecto de la paz social. En tiempos recientes vimos estallidos en diferentes puntos de América Latina y en la Argentina pareceríamos vivir en riesgo eterno con este tema. De hecho, luego de las PASO emergieron rumores, afortunadamente no concretados, sobre saqueos que se fueron diluyendo con el paso de los días. El ajuste inminente genera nuevas dudas. Más allá de que no hay evidencia para argumentar que existen condiciones para el desarrollo de algún tipo de violencia social, es inevitable recordar cómo emergió el Caracazo, ese terremoto que derribó el sistema político venezolano en 1989.

Por último, existen dudas respecto de los equipos de gestión, sobre todo (pero no solo) en el área económica. ¿Quién tendría el carácter y la reputación para convertirse en el zar económico de Milei o, como ocurrió con Kirchner y con Macri, querrá estar él mismo a cargo de la política económica? Melconian es número puesto en el caso de que gane JxC, pero nada se sabe respecto de Massa. “Podría ser Emmanuel Álvarez Agis”, afirma ilusionado un empresario con diálogo constante con el ministro-candidato. “Pero no descartes alguna sorpresa”.

Con todo, hay un tema que solía ser repetidamente invocado por los pocos que miraban la situación argentina y que, por razones obvias, ya no preocupa más: nadie cree que el país esté en camino de convertirse en una nueva Venezuela. El debilitamiento de Cristina como líder y del kirchnerismo como fuerza despejan el temor de que nuestro país se deslice hacia un populismo autoritario con violaciones masivas de los derechos humanos y de propiedad. No es demasiado, pero es un síntoma de los nuevos vientos que, de abajo hacia arriba, vienen soplando.

Comentarios