Generales 12/09/2023

Se fue el más grande polista de todos los tiempos

Juan Carlos Harriott (h) falleció el lunes y sus restos fueron despedidos el martes en el Cementerio Parque de Paz donde recibieron sepultura.

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Por Félix Meiller para nuevo día 

Juan Carlos Harriott (h) o Juancarlitos, tal como lo conocían sus amigos, se fue a jugar el partido eterno, montado en Cocotero o La Burra, dos de sus mejores caballos que en su juventud lo llevaron a lo más alto del polo mundial. Hoy acaso sentado ante un gran ventanal de su casa en el cielo esté tal vez sintiéndose apabullado, por quienes fueron a despedirlo, el martes por la mañana en el cementerio Parque de Paz.

Gran cantidad de personas, casi en silencio absoluto, acompañaron al féretro desde la capilla del cementerio hasta el lugar asignado para su descanso. Allí su sobrino Juan Harriott, en la parte saliente de una breve despedida, dijo. “Dejaste la vara muy alta, no solo para el Polo Club, sino para todo Coronel Suárez y el deporte en Argentina. Hoy jugás el último chukker y te vamos a despedir como cada vez que salías de una cancha: con un gran aplauso”.  Tras ello, los asistentes lo despidieron con un prolongado batir de palmas, al tiempo que el féretro con sus restos comenzaba el lento descenso, a la profundidad de la tierra que lo cobijó en su paso por este mundo.

Pero que se puede decir o agregar a lo mucho que se ha dicho de este hombre, que nunca perdió de vista la humildad de procederes a pesar de haberse codeado con la realeza de todo el mundo y con incontable cantidad de presidentes y dignatarios del orbe. 

Pudo haber vivido en un palacio real, pero nunca arrancó sus raíces de Coronel Suárez, ni de su campo La Felisa, donde pasó, la mayor parte de su vida, donde formó un hogar junto a Susan Cavanagh que le dio dos hijas y cinco nietos.

Que fue capaz de admirar y felicitar a sus rivales en pleno partido por un gol o una gran jugada, que fue 20 veces campeón del Argentino Abierto de Polo, que ganó varias veces la copa América, que integró el primer equipo de club con 40 goles de hándicap, que ganó varias veces el Olimpia de Plata y que también fue Olimpia de Oro, que en Francia los destacaron por ser tan excelente deportista y persona, que fue integrado al salón de la fama en Dallas Estados Unidos. La lista es mucho más larga, pero su gran mérito fue nunca dejar de ser lo que era. No dejó que los mimos del mundo lo conviertan en vano y superficial. 

Vale para pintar su grandeza y la de su hermano Alfredo con una anécdota doméstica. En cierta ocasión le encargaron a quien esto escribe hacer una nota con los hermanos Harriott para que hablen sobre algún tema puntual del deporte que los apasionó. Tras los contactos telefónicos se convino hacer la nota una mañana en dependencias del Coronel Suárez Polo Club. El periodista llegó escaso dos o tres minutos después de la hora fijada, al llegar se encontró que los Harriott ya estaban allí esperando el arribo del hombre de nuevo día.

Su ejemplo quedará grabado a fuego, cualquiera que se precie de ser deportista, tendrá siempre en Juancarlitos un espejo en el que contemplarse. 

Hasta siempre

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