La unidad impostergable

La unidad impostergable

 

La oposición debe estar más unida que nunca para sacar al país de una grave crisis económica y social, a la que conduce una administración torpe e irresponsable en sus decisiones.

El arco opositor es tan amplio que puede albergar a personalidades tan disímiles como Fernando «Pino» Solanas y Elisa Carrió, y abarcar entre ambas corrientes a movimientos de izquierda y neoconservadores. Todos están unidos por su resistencia al llamado «modelo kirchnerista», un amasijo de decisiones, improvisaciones, agresividades sistemáticas e infinidad de turbideces en cuanto se hace o deja de hacer desde el poder. El problema está precisamente ahí.

La solidez del frente opositor sólo podrá ser alcanzada en la medida en que se visualice con claridad el mayor problema que enfrenta el país: su desmoronamiento hacia una crisis.

Es verdad que la destrucción del sistema representativo, republicano y federal fue realizada a designio por el matrimonio gobernante, para acumular un poder avasallante e intransigente. En el kirchnerismo no hay margen alguno para la oposición. Un solo hecho basta para demostrarlo: en este septenio, el Congreso jamás trató un proyecto de ley presentado por opositores.

Fue, es evidente, una empresa antidemocrática, claramente huérfana de la menor voluntad de pluralismo y transparencia, en extremo grave en lo institucional y un poderoso condicionante de decadencia económica y social. Con ser esto grave, no es lo más grave. En cierto modo, ha comenzado un promisorio proceso de reinstitucionalización (a partir del saneamiento de la Corte Suprema de Justicia), que deberá resolver sobre múltiples decretos de necesidad y urgencia, vetos de leyes impulsadas por la oposición, menosprecio sistemático de sentencias judiciales y ordenamientos que obstruyan o limiten el poder extorsivo ejercido por el Gobierno nacional.

Pero ese necesario e impostergable rescate de la institucionalidad no puede subrogar lo más acuciante: el frente de la oposición debe afianzarse, superando diferencias doctrinarias y personales, para afrontar la crisis.

La histeria con que el kirchnerismo pretende imponer su «Fondo del Bicentenario para el Desendeudamiento y la Estabilidad» no es otra cosa que un recurso extremo para tomar posesión de una ingente masa de dinero aplicable, conforme a su decantado estilo, al clientelismo electoral.

El incontrolado gasto público de años anteriores ya no le resulta suficiente para asegurar victorias electorales: necesita más recursos, porque el reparto de dinero es la única plataforma electoral de que dispone. Ese despilfarro no hará otra cosa que acelerar la marcha de una crisis que presenta varios frentes: inflación, caída del salario real, renovada fuga de capitales, desaparición de las inversiones extranjeras directas. El Gobierno, refractario a las autocríticas, nada puede hacer frente a ella, salvo agravarla con su administración irresponsable. Esa es la principal misión de la oposición; unidad en la acción para afrontar una realidad conflictiva.

 

08/03/10

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